Discurso de la "Verdi": Extractos del Discurso


Contestando a Enrique Dickmann:
“Y sabemos también por el estudio de la historia, que la guerra tiende más a reproducir nuevos conflictos internacionales. Es así como la primera guerra de los Balcanes vino a provocar otras que han culminado en la actual conflagración universal”.
“Dice también Enrique Dickmann que él creía que la guerra no era probable y hasta, de acuerdo con su manera de ver, le parecía imposible, y yo digo que éste es un argumento que demuestra que nadie es infalible. Muchas veces puede el hombre tener sus errores, porque es humano equivocarse, y, como decía Anatole France, para formarse un juicio no se necesita conocerlo todo, y menos aún preverlo todo. Por esto digo que ese error no es más que una prueba de que el compañero Dickmann puede equivocarse.
 Así, él cree que nuestra resolución es producto de un error, y yo sostengo que el error existe en la resolución que ha firmado con el grupo parlamentario. Me ha extrañado también, esta manifestación de Dickmann. Sostiene que la guerra en esta ocasión puede llevarnos a la paz definitiva. No parece ser éste el criterio de “La Vanguardia” cuando, bajo la dirección de Justo, decía en un editorial titulado “La conferencia socialista internacional”, lo siguiente:
“No creemos, sin embargo, en la estabilidad  de la paz, si no se crean condiciones nuevas para la convivencia de los pueblos. Europa paga ahora la culpa de sus expediciones de conquistas y de rapiña del último siglo, hechos en nombre de principios de libertad y progreso que las mismas potencias conquistadoras eran las primeras en violar. Han entrado en países asiáticos y africanos a sangre y fuego en nombre de la civilización, para pretender después rodearse ellas mismas de una muralla china que las defendiera del comercio de importación. Esas incongruencias de conducta, reveladores de la codicia que inspira la conducta de la clase gobernante, mantienen artificialmente aislados a los pueblos, tienden a exagerar las diferencias de civilización y preparan futuros conflictos... “
Dice Penelón: ...”considero que esta guerra, como todas las demás, tiene un fundamento económico, de acuerdo con la resolución que hemos redactado el compañero Ferlini y el que habla para presentar a la consideración del Comité Ejecutivo y del Congreso. Entendemos, de acuerdo a nuestro concepto, hoy más preciso que nunca, que las guerras son el producto de antagonismos de fuerzas capitalistas distintas. Así debemos pensar todos los que nos digamos sostenedores del materialismo histórico. Para justificar nuestra tesis nos bastaría recurrir a un viejo libro: el Manifiesto Comunista, donde dice que la clase capitalista está en constante lucha con la clase trabajadora de su país y con los capitalistas extranjeros, y aún entre los capitalistas del mismo país. Es una triple lucha que sostiene la burguesía y para la cual, solicita el apoyo de la competencia capitalista.
Es la verdad que podemos comprobar en la actual conflagración europea.
Se habla de una lucha de naciones. Nuestro concepto científico de la historia ve en todas las guerras no un choque entre naciones, sino más bien entre Estados. Y el Estado no es más que un medio de fuerza para mantener los antagonismos sociales, las diferencias de clase, que ha sido perfectamente definida por Lasalle al referirse a la constitución como relación de fuerzas de potencias frente a frente, citada en una ocasión por el Dr. Justo en la Cámara de Diputados.
El Estado es pues, hoy por hoy, el instrumento de la burguesía, y si es compresible que las clases dirigentes de cada país llamen en su apoyo a los proletarios respectivos, la guerra no deja de ser una empresa capitalista de proporciones gigantescas.
He visto en las columnas de “La Vanguardia” en estos días –porque debemos confesar que las malas causas siempre tienen malos argumentos para su defensa- que algunos escritores han ido a sacar argumentos yo no sé dónde, puede ser, como decía Palcos, de tratados viejos de derecho internacional y resucitando también teorías de otras épocas, de otros hombres y de otras finalidades, que las que nosotros sostenemos y que son aceptadas científicamente hoy. Es así como se ha sostenido en este Congreso, que la guerra ha sido provocada por un Kaiser, por un individuo, reduciendo así la historia al simple papel de los personajes, sin tener para nada en cuenta que nuestra tesis, que nuestra orientación, que nuestra doctrina, tiene que tener otra teoría, porque de acuerdo con esa interpretación, no podríamos nosotros pretender encontrar leyes dentro de la historia, ni dentro de la ciencia misma.
Así he visto resucitar hoy en un artículo publicado bajo la firma de Sáenz Hayes, el viejo concepto de que la guerra de Troya y las Cruzadas, han sido guerras motivadas, ya sea porque en ellas se mezclaba Elena, o bien por el idealismo de los cruzados; y nosotros hemos visto que, de acuerdo con este concepto de la historia, vamos a parar al viejo concepto de Carlyle, en que todo el papel histórico, lo tienen los héroes, contrario al concepto materialista de la producción y reproducción de la vida.
Cuando “La Vanguardia” adopta una actitud debemos convenir en que la causa que se defiende es bastante mala para que nos haga desdecir de todo lo que durante 20 años de lucha, hemos venido inculcando en la mente del pueblo y se nos ha inculcado a nosotros, discípulos de los maestros que han trabajado para darnos una conciencia socialista. Hoy tenemos que decirles a ellos: “Compañeros maestros, vosotros no os acordáis de las palabras de ayer; resulta que hoy habéis modificado vuestro criterio y nosotros venimos a recordaros lo que ayer decíais”. (APLAUSOS)
“Es un concepto anticientífico que se difunde entre el pueblo al reducir así la historia a la voluntad de los hombres, por más que sea un Kaiser. Hasta ayer sosteníamos que las guerras tenían un fundamento económico. La misma guerra de Troya era una de las tantas acciones que debían procurar la expansión de los griegos sobre las costas de Asia Menor. Lo mismo, las Cruzadas, no eran producto del idealismo, sino guerras de conquista de nuevos mercados en el Oriente. Todavía en el reciente Congreso internacional, el diputado Repetto, al sostener la proposición del libre cambio, decía que en todos los congresos socialistas habíamos nosotros considerado la guerra como una consecuencia del factor económico –lo que era exacto- y que, en cambio, no nos habíamos preocupado de arbitrar los recursos de acuerdo con ese mismo orden de cosas. Esa declaración terminante la tengo aquí, en recorte de “La Vanguardia”, como también tengo declaraciones terminantes de Justo en el mismo sentido, y de otros miembros del Comité Ejecutivo y de otros afiliados; para no prolongar demasiados mi disertación, no voy a dar lectura a ellos.”
JUSTO:- Por mi parte, continuo pensando siempre así.
PENELON: -Compañero Justo: Ud. piensa que continua pensando lo mismo; puede muy bien ocurrir que los hombres modifiquen su criterio sin saberlo y puede ser que los discípulos le recuerden al maestro lo que yo le recuerdo en este momento. (APLAUSOS)
Dice acá un escritor socialista, refiriéndose a las consecuencias de la guerra europea: “entre los personajes que rodeaban al emperador había interesados, de las industrias metalúrgicas sobre todo, que sufrían los efectos de la crisis industrial, que había llegado a un período agudo y sin esperanzas de mejoras; la pequeña nobleza de los terratenientes se encontraba a su vez, en malas condiciones por la competencia exterior. Para los comerciantes no había otra esperanza que conquistar condiciones mejores que hiciesen volver a Europa aquel comercio que en Inglaterra había seguido el “stathonder” de Holanda, convertido en soberano inglés. Y la gran aventura fue resuelta para conquistar mejores salidas sobre el mar y, quitar a Francia unos treinta mil  millones que proveerían de dinero a la industria, al ejército y la marina”. (M.Cugnollo, “El materialismo histórico en la guerra europea”)
“Esta afirmación demuestra claramente cuáles son las causas y los intereses que están en juego en esta guerra, y lo digo sin pasión porque no soy germanófilo ni soy aliadófilo, soy pura y simplemente un socialista que continua pensando como pensaba ayer.
“Para nosotros los socialistas – dice M. Cugnollo- todo el problema consiste en saber si los intereses internacionales de la clase trabajadora deben primar sobre estas cuestiones de naciones, y si los problemas de nacionalidad deben considerarse ya resueltos. La verdad es que los capitalistas del mundo están en lucha por sus intereses, que no son los de los trabajadores y que en estas competencias económicas, loa trabajadores vierten su sangre por una riqueza que no es la suya”.
Esta es la afirmación socialista que nosotros, miembros del Comité Ejecutivo en minoría, hemos querido formular frente a la declaración intervencionista de la mayoría, que consideramos perfectamente equivocada, de acuerdo con nuestra orientación, y hasta permítaseme la palabra violatoria de las resoluciones del congreso que sancionara para el Partido, el sostenimiento de la huelga general en caso de guerra, de acuerdo con la proposición Keir-Hardic-Vaillant. (APLAUSOS)
JUSTO: ha estado absolutamente fuera de mi discurso, que el P.S. deba aprobar la guerra porque hay obreros que trabajan en los talleres militares. Si he dicho que en tiempo de paz hay centenares de miles de trabajadores permanentemente ocupados en preparar elementos de guerra, ha sido para significar que la guerra está por encima de las fuerzas comprensivas de la clase trabajadora, y de sus fuerzas para evitarla.
PENELON: quiero recoger la manifestación del diputado Justo.
Yo digo que no está la guerra fuera de la comprensión de la clase obrera desde que reconocemos las consecuencias funestas que ella tiene para la clase trabajadora, que es la que, en última instancia, paga los vidrios rotos, y reconocemos, también, los intereses de la clase que la origina.
Y voy a terminar, compañero presidente, con unas cuantas palabras. Creo que el Congreso debe decididamente pronunciarse a favor de uno de los despachos contradictorios. Reconozco toda la importancia que tiene la cuestión para el Partido: soy de los que considera que el Partido puede, en el buen terreno, dentro de la conveniencia del socialismo, y dentro de la conveniencia también del P.S., mantener, porque somos disciplinados, su unidad por sobre todo, pero entiendo, compañero presidente, que hay en el fondo de este asunto una cuestión grave que nos obliga, hasta cierto punto, a poner claramente de manifiesto lo que contiene la moción del diputado Justo, a la que quiero referirme. Habla allí de que el grupo socialista se abstendrá de intervenir en ciertas cuestiones, se abstendrá de iniciativas, lo que quiere decir que, una vez tomada la iniciativa, podrá quizá el grupo parlamentario, tomar una actitud de acuerdo con su modo de pensar, con su criterio actual, pero posiblemente, de acuerdo con lo que el Partido podrá o no podrá aceptar.
Por eso creo que la orientación que ha de darle el Partido al grupo parlamentario, a la dirección de “La Vanguardia” y al Comité Ejecutivo, debe ser clara y precisa. Yo acepto el punto de vista de algunos intervencionistas sinceros; vamos a sus últimas consecuencias, si queremos la intervención,  y si no la queremos, nos mantenemos, pura y sencillamente en el terreno de la lucha de clases, que es, hoy por hoy, el terreno de la neutralidad. (APLAUSOS PROLONGADOS DE LOS DELEGADOS Y LA BARRA).
Penelón solía decir: “la prescindencia equivale a no tener ideología política en el plano de los grandes acontecimientos nacionales.”