José Fernando Penelón debate con José Ingenieros


José Ingenieros, atraído por la revolución rusa, disertó el 22 de noviembre de 1918 en el teatro Nuevo, ante una sala rebosante de público, sobre un tema rico en conceptos, obligado a las definiciones: "Significación histórica del maximalismo".

Pero José Ingenieros, simpatizante del maximalismo, no era maximalista. Y por lo tanto muchos de sus conceptos carecían de la base del socialismo científico, carecían del conocimiento profundo y mesurado del tema que, sin embargo, tuvo el valor, la responsabilidad de enfrentar.

Penelón, sí, era maximalista.

Podría aplicarse a él, la definición que de sí mismo diera Lenin: "Un marxista tallado en piedra".

Teórico profundo no dejo pasar por alto concepciones erróneas que, partiendo de una personalidad de tanto arraigo intelectual, corrían el riesgo de generalizarse.

Ya en el N" 16 de " La Internacional ", pese a hallarse a punto de cerrar la edición, al tener conocimiento de los conceptos de Ingenieros, dejó constancia de su desacuerdo con algunos de ellos, especialmente con la definición del maximalismo, que el doctor Ingenieros considera más como una actitud que como un programa y consistirá en la aspiración de realizar el máximo de reformas posibles dentro de cada sociedad, teniendo en cuenta sus condiciones particulares.

"El maximalismo –definió Penelón- es precisamente el marxismo en acción, desprovisto en absoluto de toda contaminación reformista. La lucha de clases asume por todos los países las mismas formas fundamentales, y por ello, las variaciones regionales son de secundaria importancia. Los países –tan diversos por su geografía, historia, cultura y civilización- donde ya ha estallado la revolución social constituyen la mejor afirmación de este aserto".

Para Penelón, el maximalismo no era, pues, como erróneamente empezaban a considerarlo muchos, un fenómeno ruso, sino un fenómeno social internacional.

En el N° 17, bajo el título: "El maximalismo. Sus impugnadores y sus defensores", y con subtítulo: "Una definición antimaximalista del maximalismo", el líder del socialismo internacional expresaba:

"El maximalismo de Ingenieros no es, no puede ser el nuestro". Y calificando de pobrísima la definición del intelectual argentino, la rebatía duramente señalando que..."el maximalismo de Ingenieros podría ser la monarquía constitucional donde existe la monarquía, la sociedad socialista donde existe la república".

"En esta definición figuran como maximalistas hasta los más retrógrados que se ven obligados a cocer algo para no perderlo todo, y que pueden sostener que ellos realizan el máximo de reformas posibles dentro de la sociedad teniendo en cuenta sus particulares condiciones."

"...Sin embargo, Ingenieros vislumbra por momentos una definición más exacta del maximalismo", afirmaba Penelón. "En otro lugar de su conferencia nos dice: Lenin y Trotsky creyeron que la oportunidad imponía formular sus aspiraciones máximas, lo que hizo dar el nombre de maximalismo al movimiento. Así son las aspiraciones máximas lo que hace el maximalismo, y si Ingenieros se hubiera detenido en esas aspiraciones, y las hubiera concretado, hubiera podido llegar a una definición exacta de lo que es el maximalismo..." "habría encontrado que el programa maximalista es la transformación de la sociedad burguesa en una sociedad socialista, donde la propiedad sea colectiva y la explotación humana desaparezca con la abolición de las clases sociales, como lo expresa con claridad la Constitución rusa; y, que la táctica "maximalista" no es sino la del socialismo marxista; lucha de clases, internacionalismo obrero, dictadura del proletariado, características esenciales de la orientación del maximalismo ruso, antes y durante la revolución actual".

"La definición de Ingenieros interpretada de acuerdo con las tendencias en que se divide el movimiento socialista, y dando un contenido realista concreto a la aspiración máxima a que se refiere, es la definición antimaximalista del reformismo bernsteniano, abandonado hasta por el mismo Bernstein en estos últimos tiempos. Ellos querían realizar el máximo de reformas posibles que nos acercaran a la sociedad socialista, teniendo en cuenta sus particulares condiciones. En Rusia hubieran implantado, como quería Kerensky, un gobierno democrático burgués. Y esto violando sus propios principios, porque si hubieran mirado a su vecina Alemania, que a pesar de su cultura y sus especiales condiciones tenía aún una autocracia del año XIV divino, hubieran llegado a pensar que las actuales condiciones de Rusia autorizaban aún la existencia del Zar."

Penelón preveía las consecuencias posibles de un concepto equivocado. Y si era teórico inflexible, no se debía sino a la necesidad imperiosa de evitar las desviaciones, considerando que toda desviación de la línea marxista, implica, lisa y llanamente, la colaboración abierta o encubierta con la burguesía, y la entrega del movimiento obrero, en primera o segunda instancia, al capitalismo.

Penelón luchaba por mantener la concepción marxista, para conservar su fuerza de acción. Por eso fijaba posiciones, definía, precisaba inexorablemente..."Si el Dr. Ingenieros, con su definición, ha querido abarcar un horizonte más extenso que el del socialismo, y su "maximalismo" tiene el infinito por aspiración máxima, como de ella se desprende, habrá expresado una idea general como es la evolución, el progreso, pero no ha definido al movimiento maximalista ni ha sentado las bases de ninguna nueva teoría política social, que necesita cimientos más resistentes que algo indefinible por definición".

"El actual movimiento maximalista está perfectamente definido como lo están los hombres que se hallan a su frente. Y maximalismo es el marxismo como táctica y como aspiración." Y concluía: "Y en todas partes el movimiento se encamina hacia el mismo punto".

Penelón, ligeramente prevenido hacia los intelectuales, en cuanto el intelectualismo suele ser sinónimo de "personalismo"; temeroso siempre de sorprenderlos en la posición individualista anárquica, - no en el individualismo constructivo que implica el pleno desarrollo de las facultades, sino en el individualismo negativo que se basa en la afirmación de supuestas "libertades" que esclavizan o dañan a los semejantes- estaba convencido, sin embargo, de la necesidad de atraerlos hacia la causa del movimiento obrero.

"Hacía falta un "intelectualismo proletario" –permítasenos la expresión- una literatura, un arte que en lugar de estar al servicio de la burguesía, lo estuviera de las clases sometidas. Una literatura, un arte, basados en la idea de una sociedad justa, Socialista".

¡Y cómo no celebrar que, aún con errores de conceptos, José Ingenieros adoptara la posición de franco apoyo al maximalismo, que los mismos socialistas del P.S. eludían adoptar!

"La conferencia del Dr. Ingenieros no es la que pronunciaría un maximalista militante –reconocía Penelón- "es la conferencia de un hombre estudioso a quien le agrada poner en el tema que desarrolla la nota propia, personal". Aún así, el Dr. Ingenieros está más cerca de nosotros que de cualquier otra agrupación –se congratulaba-. "Muchas de sus frases resultaban, sin quererlo él posiblemente, verdaderos estiletazos para los incoloros, especialmente cuando se refirió a la actitud de la prensa burguesa frente a los maximalistas, que es la misma actitud de " La Vanguardia " y cuando se refirió al derrame de sangre en Rusia, a cuya revolución llamó "revolución angelical", comparándola con otras revoluciones menos trscendentes y mucho más sangrientas".

"El gesto del Dr. Ingenieros que no milita en política, llamará la atención en un país donde los mismos "socialistas" han dicho tantas zonceras y sembrado tantas calumnias sobre los maximalistas".

"Muy a menudo oímos, hoy en día, atacar al arte y a la literatura llamada "social", y designada como "arte o literatura de propaganda". También oímos abundantes quejas sobre el "control" o las "trabas" a los intelectuales. Creemos interesante aclarar algunas ideas. Puede existir – existe, sin lugar a dudas- un arte, una literatura de propaganda que, cumpliendo una función útil, merezca críticas desde el punto de vista artístico. Pero no se lo puede identificar con la totalidad de la literatura o el arte socialista."

" Toda obra artística llena una función educativa. El socialismo se opone sólo a aquellas que educan negativamente; a las que tienden a exaltar una sociedad corrupta, a desarrollar instintos perversos, a afianzar el sometimiento a la barbarie, a perjudicar al individuo y a la comunidad con una prédica malsana, como sucede en la actualidad con las tres cuartas partes de las "libres" obras de arte de occidente, muchas de las cuales podrían ser designadas como "propaganda de inmundicias".

"El límite, el famoso "control" de los intelectuales está, a nuestro entender, en no permitir que bajo el manto de la libertad de expresión se encubra el veneno que intoxique a los jóvenes y a las sociedades. La literatura, ese arte de estupefacientes morales, no puede aceptarlo el socialismo.

De la misma manera que no basta el fondo social para crear una verdadera obra de arte, no basta tampoco la perfección de la forma si los conceptos son vacíos, o negativos, o no existen."

"La verdadera obra de arte debe tener forma y fondo, y por lo tanto, ofrecer una visión exacta, sincera, del hombre como individuo y como ente social, una visión exacta, sincera, de la sociedad que indudablemente describa en forma total o parcial. Y si procede con rectitud, con veracidad en esa pintura, con espíritu crítico, terminará siendo la tan mentada "obra social" y para horror de los burgueses, coincidiendo con la crítica a la prédica del socialismo."

"Eludir el planteo social, crear seres o problemas desligados de la realidad, es hacer una pobrísima obra, ya que no hay individualismo que no reciba y sufra la influencia del ambiente social en que actúa."

"Pintar la realidad, esa es la "propaganda" que asusta a la burguesía, que prefiere los asesinos idealizados, los gangsters simpáticos de las novelas y el cine yanqui."

En la misma página en que rebatió conceptos de Ingenieros, defensor del maximalismo, Penelón atacó los conceptos de un impugnador de la doctrina marxista, un intelectual reaccionario, el Dr. de Vedia y Mitre.

Atribuye al Estado maximalista, el señor de Vedia y Mitre, un poder tiránico y absolutista sin precedentes y declara que una parte inmensa del pueblo ruso está convertido en paria.

Pero ¿No ve el Sr. de Vedia y Mitre que el Estado capitalista con su régimen de propiedad privada y su sistema de salario significa una dictadura mucho más tiránica y absolutista, la dictadura burguesa, que esclaviza al 90% de la población? Como hiciera notar un periodista de la revista "El hogar" al establecer el principio de la obligación del servicio civil en el trabajo, la pequeña minoría transformada en "parias" tiene muy a mano el medio de liberarse de esa tiranía sin precedentes. ¿Podríamos decir otro tanto de la mucho más tiránica y absolutista dominación burguesa que esclaviza más del 90% de la población?

No es precisamente ésta, la hora apropiada para reproducir los sofismas de la posible emancipación del trabajador por su conversión en capitalista, y el Sr. de Vedia y Mitre, tendrá que reconocer que si todos podemos ser trabajadores, no todos podemos llegar a ser explotadores del trabajo ajeno, por la perogrullada razón de que no tendríamos a nadie a quien explotar, debiendo llegar a lo que el maximalismo llega: que cada cuál pueda explotar sólo su propio esfuerzo. Entonces todos seríamos trabajadores. En el mejor de los casos para la tesis sostenida por de Vedia y Mitre, la revolución maximalista sería la libertadora del 90% de la población que recogería la dictadura del 10% restante.

En cuanto a la dictadura transitoria del proletariado para implantar su régimen colectivista, basta consultar la historia para comprobar que ninguna clase ha triunfado sin establecer un régimen dictatorial, afirmando su diferencia de clase. Tal hizo la burguesía francesa en 1789, con menos antagonismos entre explotadores y explotados, pero con igual necesidad histórica. Y si el comentarista nos recuerda que ya San Pablo decía "quien no trabaja no debería comer" agregando que "el amor y la dulzura" no han podido hacer cumplir ese precepto evangélico, no hace sino dar una razón más para la dictadura proletaria que debe imponerse."