Apoyo a la Revolución Rusa: Manifiesto de solidaridad con el maximalismo ruso expresado por José Fernando Penelón desde las páginas de "La Internacional"

En noviembre de 1918, el Partido Socialista Internacional decide realizar un manifiesto que Penelón tituló: "Solidarios en la hora amarga con el maximalismo ruso, el P.S.I. levanta nuevamente su voz con todo derecho en la hora de su propagación, que es la hora del triunfo". Dicho manifiesto expresaba:

"A los trabajadores: ¡ Gloria a los maximalistas rusos! Gracias a su acción la horrenda carnicería mundial se ha acortado en algunos años, ahorrando a la humanidad varios millones de muertos. Ellos diseminan en Alemania y Austro Hungría las semillas de la revolución social, provocando el derrumbamiento del frente interior y consiguientemente el derrumbamiento súbito y fulminante, del frente de guerra germánico. A esto, mucho más que a la contraofensiva de los aliados, apenas comenzada, es necesario atribuir el ansiado movimiento de la paz. Alentado por el grandioso ejemplo eslavo, la inmensa mayoría del proletariado retorna a la senda fecunda de la lucha de clases y del internacionalismo, del que jamás debió desviarse, pues así hubiera evitado, desde hace tiempo, la prosecución y acaso el estallido de la contienda."

"Ha terminado la guerra nefanda. Pero sus consecuencias sociales recién comienzan a experimentarse. Con la guerra, el capitalismo llegó al máximo de su horrible poderío y es fuerza que se sumerja, de golpe, en los abismos pavorosos de sus propios crímenes. Tras la guerra, su ajusticiador: La Revolución Social. "

"Causante único e indivisible de la enorme catástrofe, el régimen burgués deberá ser abolido y sustituido por una sociedad sin explotados ni explotadores: la sociedad socialista. No otro es el significado trascendental de la revolución desencadenada en Rusia y que se propaga, como un huracán, por Alemania, Austria Hungría, Bulgaria, y según parece, por Suiza, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega. Esperamos confiados la revolución en Italia, Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos. De este modo se cumplirá la transformación más honda y total de la historia.

"Preciso es dejar constancia pública que la doctrina verdaderamente socialista o marxista, levadura de la revolución proletaria, repudia en absoluto, toda solidaridad con la burguesía, y en consecuencia, la aprobación de la guerra. Sólo el proletariado internacional y pacifista, es precursor y gestor de la revolución gloriosa. Los que defendieron la guerra y quisieron mezclar el país en la contienda, los que ultrajaron y calumniaron a los bolcheviques por haber preferido la lucha contra la burguesía eslava a continuar en la guerra, la lucha a favor de la misma burguesía, los que expulsaron de su seno a los propagandistas de la paz y el socialismo e incurrieron en la bajeza de difamarlos, los que, en una palabra, en el instante duro de la prueba, cuando era indispensable, aunque no exento de riesgo, ser socialista y pacifista, se pasaron con armas y bagajes a la burguesía patriotera y guerrerista, esos son enemigos naturales de los ideales emancipadores del proletariado y no pueden ser partidarios sinceros de la revolución social."

"Así los dirigentes del titulado Partido Socialista (en realidad debiera llamarse Partido Liberal Burgués) en esta hora histórica se limitan a pedir en un reciente manifiesto simples reformas, excedidas hasta por los partidos radicales europeos; hablan de "democracia" en el sentido netamente burgués del término; dicen que el partido se adhirió "a los principios económicos y jurídicos" de Mr. Wilson, los cuales, por cierto. No son, por cierto, los principios jurídicos y económicos del socialismo, sino los de la burguesía liberal ; y, como esos principios dejan subsistentes y vigorosos los privilegios del capital, son refrendados por todos los Rockefeller y los Morgan del mundo; agregan que saludaron a la revolución rusa, iniciada por el parlamento, pero olvidan que detractaron a la revolución proseguida por los bolcheviques y que tuvieron palabras de condenación para los socialistas que, o como la mayoría italiana, trabajaban valientemente y con celo ejemplar a favor de la paz y del socialismo.

Luego de otros conceptos de crítica a la contradictoria actitud socialista, Penelón concluía:

"Trabajadores: no nos dejemos envolver por los sembradores del engaño, de la confusión y de la deslealtad a los principios socialistas. Tomemos ejemplo del proletariado europeo. Desafiemos las demostraciones de la burguesía. Seamos revolucionarios de verdad. Desechemos la encantadora fábula burguesa de que ha triunfado el derecho, la democracia y la libertad, bienes que no existen en nuestros días, porque el Derecho, la Democracia y la Libertad verdaderos se asientan sobre la LIBERACIÓN ECONÓMICA DEL PROLETARIADO Y LA DESAPARICION DEL CAPITALISMO y nunca puede ser compatible con la explotación del hombre por el hombre.

"Trabajadores: los maximalistas rusos, heroica vanguardia del socialismo internacional, han echado los cimientos de una humanidad nueva, la humanidad redimida del porvenir, sin castas ni privilegios sociales, sin guerras y sin déspotas. Firmes en nuestros principios pacifistas e internacionalistas, trabajemos en nuestro medio por el advenimiento de hora tan venturosa . Estimulados por la aurora roja de Europa, seamos solidarios en nuestra obra, cooperemos todos en ella, apresuremos la marcha y preparemos la transformación revolucionaria de la sociedad americana."

"¡Viva la Revolución Social ! ¡Viva el Partido Socialista Internacional!

Fines de noviembre de 1918.

Para esta misma fecha, el Comité Ejecutivo del P.S.I. dispuso la realización de un mitín de afirmación " por la Revolución Rusa y los ideales maximalistas" con la unión de varios gremios obreros. Se efectuó el 1° de diciembre de 1918. Pese al ostentoso despliegue policial y al temor originado en recientes represiones, más de 10.000 personas desfilaron con la bandera roja del proletariado.

Poco tiempo después, el 9 de enero de 1919, 40.000 trabajadores adhirieron a la Revolución Rusa en Capital Federal, o sea el 12% de la clase obrera activa de la capital, cifra muy importante si tenemos en cuenta que la clase obrera propiamente dicha, que tomó el Palacio de Invierno en San Petersburgo, no llegaba al 2% de la población.

Debemos tener en cuenta que la población argentina en 1920 era de 8.720.428 habitantes y en Capital Federal: 1.500.000 habitantes, (o sea 87 hab. por kilómetro cuadrado), de los cuales 359.614 eran obreros y empleados.

Penelón iba a titular el Número de " La Internacional " del 9/1/1919: "40.000 obreros de la Argentina solidarios con el maximalismo, haciendo temblar de horror a los sicarios de la policía y a los jóvenes de las familias adineradas"